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jueves

Puchuncaví, 1871

"... Por 1874, la única población de alguna cuenta que existe en lo que podemos denominar la parte septentrional de la comarca de Quintero, es la aldea y parroquia de Puchuncaví, célebre en más de alguno de los fastos electorales de la República. Puchuncaví tubo el mortificante privilegio de decidir siempre con sus dos o tres docenas de votos el resultado de las elecciones del Departamento de Quillota, del cual es una subdelegación, por cuanto las fuerzas se comparten generalmente por igual, calle larga de por medio, entre los combatientes de aquel valle tan fértil como belicoso, tan progresista como politiquero. La última sangre derramada en nuestro suelo por causas políticas, empapo por aquella circunstancia en junio de 1871 la pequeña e irregular plaza parroquial de aquel caserío, sin que hasta ahora se haya sabido, como sucede siempre, quien o quienes fueron los responsables de aquella calamidad. Lo que parece sin embargo, cierto averiguado en el lugar, es que los partidarios de la oposición estaban de a caballo y los del Gobierno a píe (al revés de lo que acontece de continuo…), los últimos alrededor de la caja, custodiándola en la puerta del curato, y los otros revolviendo sus caballo en la plaza, a medida que la chicha nueva voltejeaba en sus cabezas. De improviso se oyó el rumor de un desorden, tal vez el grito de un ebrio, tal vez la exclamación de un pecho en franco torneo, sin vara ni juez en tales días. A la bulla salen los soldados de un piquete de Quillota; alguien dice fuego ¡y por entre una nube de polvo y de alaridos en pocas horas recorrió como un remolino de verano toda la comarca, quedaron en el centro de la desierta plaza de la Parroquia el cadáver de un infeliz que pasaba por casualidad tres caballos derribados y agonizantes. Triste hazaña..." (Vicuña Mackenna Benjamín) libro de Memorias “Al Galope“, 1882.

miércoles

Servicio Mensajero

En la última mitad del siglo pasado, existió en Puchuncaví como en casi todos los pueblos con un mayor grado de importancia en la época, un sistema único de teléfono público con servicio de mensajero; En esos años, resultaba común y normal, llegar al almacén de Don Matías, hombre público de la vida puchuncavina, que más de alguna vez, subrogo al Juez de policía local; Poseedor de esta antigua tienda, lugar de venta de granos y pequeño triturador de especias, ubicado en la Arteria principal del pueblo, salida al norte para los que se dirigían a localidades como El Paso , El Rungue, Tacna o Maitencillo, todas ellas dependiente de la Municipalidad de Puchuncaví. Eso si que pasaron mas de 80 años antes de que llegara el descubrimiento de Graham Bell, a este lado del mundo, servicio moderno y de importancia, aumentado por las razones del tiempo y mayor aun, donde un pueblo completo tenia que llegar a esta parte del centro, para comunicarse con sus parientes y con esto, resolver sus obligaciones, tramites, compras, en fin, un sin numero de hechos que por razones obvias, los que prestaban el auxilio, se hacían parte de cada uno de los particulares problemas que los clientes traían. De más esta decir que ser el poseedor de tan importante sistema de comunicación, resulto para su familia, por buena parte de su vida, el sustento económico más substancial, además, el negocio abastecía el consumo local de ciertos tipos de abarrotes como harina tostada de su molino, para los lugareños. Cada experiencia de este ejercicio público, que presto auxilio hasta los últimos años de la dictadura, que comenzara en 1973, y que por cierto no ajenos a los cambios que ya en esos días sufrían, las comunicaciones, bastante mas moderna, y que hasta entonces ocupaban cables, substituidos por un sistema de comunicación expedita con la central telefónica, ubicada, supongo en Viña del Mar, con transmisión de ondas, particularmente pública, en ocasiones en exceso, ya que cada persona que esperaba, prescindía de la caseta telefónica que existía, pudiendo ser escuchada o escuchado claramente, no toda la comunicación, pero por lo menos su emisión, sin embargo, sumado a esto a que la señal de la compañía de teléfono que autorizo, fue una señal de radio de frecuencia modulada, tan cerca del dial, de las radioemisoras públicas, que fácilmente se pudo escuchar en los equipos receptores y televisores domésticos del sector, casi todas las conversaciones que se generaban en este negocio de las comunicaciónes. Ahora ya se podía escuchar de manera expedita y mejor aun en las horas de colación que en momentos tenia mayor audiencia, lo cual resultaba casi pintoresco, escuchar como programa radial, pequeñas escenas dramatizadas, a veces personajes reales y otras imaginarios, fue fácil distinguir por esos días, a más de algún partidario municipal pro-Pinochet, al saber que la derrota era inminente, preconizar una tras otra extrema situación de caos que vendría a partir de ahí, contexto no menor y pintoresco que se sumaban a otros sucesos de tipo sentimental, extramarital que afectaba a distinguidos personaje del pueblo. En suma, el teléfono de Don Matías, fue un lugar habitual para todos los puchuncavinos que tuvieron intereses fuera de su terruño, no era difícil llegar en los días donde había mucha clientela por no dar abasto, el servicio que había en Maitencillo, para las lindas veraneantes que tarde o temprano llegaban a ver si se podían saltar la larga fila de espera, por lo general en época estival. Los últimos años del teléfono público Don Matías, siguió haciendo el servicio de mensajería en una antigua bicicleta que ocupo, hasta solo unos años, antes que falleciera y con él, su servicio de teléfono mensajero.

jueves

A Yegua Suelta

“... De Horcón, Campiche y Ventanas Canela, Potrerillos y Rincón Llegaron a San Antonio A ver esta Tradición. Muy temprano en la mañana, el camino a San Antonio, ruta F-16, se sintió invadido de una cantidad de vehículos muy pocas veces vistos por esos parajes, todos sonrientes por que estos animales, caballos de fuerzas, podrían compartir con un montón de yeguas sueltas que se reunirían con el fin de darle a un vecino de la Canela el fruto del esfuerzo, los 9 sacos de trigo que quedaron después de separar el grano de la paja, pisando o quebrando la mies con el trillo de estas Potras que para la ocasión facilitaron los habitantes del Pueblo de San Antonio. Una gran explanada dio el espacio para que la concurrencia pudiera disfrutar en este día de verano y sol, la experiencia de remontarse a aquellos años en que los antiguos agricultores de la zona se juntaban en esta especie de minga, donde llegaba la cosecha, de los distintos tipos de productos, ahora era el trigo, pero la cebada, la lenteja, el garbanzo, tenían el mismo proceso y estos campos los hicieron suyos por muchos años. No hay duda que los Campesinos, más viejos fantasearon con días de mejores rendimientos donde las cantidades que se molían eran mucho más abundantes o bien soñaron con esos encuentros entre medio de la parva, y que en más de algun caso resulto ser el amor de su vida, si, por que no hay caso que la fiesta era una de las más grandes del año una especie de ritual, hombres y mujeres del lugar se reunían en un acto de la vida Rural, en donde todos participaban, mujeres haciendo las ricas casuelas y porotos granados , o sosteniendo a través de sus guitarras más de algun verso lanzado al viento, hecho para la ocasión. Mientras tanto las yeguas chancando la paja, y una ves teniendo el viento a favor para que esta soltara el trigo que partiría a alimentar al ahora enfermo agricultor, que había sembrado este trigo y que por estos días estaba recuperándose de una enfermedad en un hospital de la región, Horqueta, Escoba de Romaza, Pala de madera, Arnero, ayudaron en “La Saca” , sirvieron para que , Polvo y paja se fueran de esta remolienda. Una ves ya separada, esta polvareda se quedo y todo lo demás fue trasladado de vuelta a las Alturas de la Canela ahí más de seguro, forraje de animales que pasaran este caluroso verano deseando llegar luego al fresco del otoño para salir a pastar. Por ahora, Los Villalón de San Antonio, los Ojeda de la Canela, Los Riveras del Rincón, Los Vásquez y Silvas de Puchuncaví, antiguos trabajadores de este tipo de faenas revivieron una vez más esta tradicional forma de vida, y demás esta decir que Don Melitón, Don Rolando, la Señora Juana y sus hijas y tantos otros Como don José el Presidente de la Junta de Vecinos del Sector, estuvieron por ahí calladitos tratando de hacer que todo resultara bien, para que los invitados se fueran contento y a la vuelta del año pudiéramos contar con ellos nuevamente.